Diagnóstico

Todo empezó en octubre de 2017. ¿Mi principal síntoma? Me había vuelto meona.

Al principio no fue algo muy exagerado, iba al baño un poco más de lo habitual, pero nada más. Pero después, acababa yendo cada dos horas, ¡cómo poco! Incluso por las noches me despertaba de las ganas que tenía, cuando yo nunca me había despertado para ir al baño por las noches. Pero claro, al principio no piensas que sea algo importante, o quizás una infección de orina. Aunque las infecciones de orina se caracterizan más por tener ganas constantes de ir al baño, pero luego no hacer mucho pis. Yo no, yo tenía líquido, bastante. Eran mis riñones intentando eliminar todo ese exceso de azúcar que en cantidades altas es tóxico.

Una de las cosas que después me preguntaron todos los médicos es si tenía más sed. La verdad es que no. Pero también es cierto que yo misma me obligaba a beber más agua, porque con la cantidad de líquido que estaba perdiendo pensaba que me iba a deshidratar. Así que me forzaba a beber más de lo habitual. Quizás por eso no llegué a tener esa sed excesiva característica del debut diabético.

Pero lo que más me alarmó, que hizo que pidiera cita inmediatamente con el médico, fue el subirme a la báscula y ver que había perdido 5 kilos. ¡¡¡CINCO KILOS en dos semanas!!! Sin haber cambiado nada en mi dieta, ni hacer más ejercicio ni nada. La pérdida de peso sin justificación nunca es buena.

Así que cita al médico y una pequeña búsqueda en internet sobre qué podía ser. Esta última parte no suele ser aconsejable, ya te dirá el médico que tienes, y desde luego no es aconsejable si pierdes la cabeza con lo primero que ves. Pero yo soy química. Una parte de mi trabajo como investigadora, es precisamente eso, investigar bibliografía. ¿¡Cómo no iba a buscar qué podía tener!?

Vi que mis síntomas encajaban perfectamente con un debut diabético. Ahí sí que ya no quise mirar más. ¿Cómo iba a tener diabetes? ¿Ya no podría comer dulces? ¡Con lo que me encantan! Era hora de parar y que el médico me dijera que tenía.

El médico me mandó análisis de sangre y de orina. Y a esperar los resultados.

Durante este tiempo seguía perdiendo peso. Al final, no me quería pesar porque me daba miedo ver el resultado, pero yo creo que perdí en un mes unos 8 kilos.

Volví a que me dieran los resultados y…. 205 mg/dL de glucosa en ayunas. De confirmarse el resultado, diabetes. Me volvieron a mirar el nivel de azúcar allí mismo con un glucómetro, y dio un valor de 300 mg/dL (hacía una hora que había comido).

A partir de 110 mg/dL ya es un valor alto (más de 180 mg/dL si es después de comer). Tras mi diagnóstico me pregunté si 205 era mucho. Bueno, he leído muchas historias. La más exagerada un chico deportista que ingreso en coma diabético ¡¡¡¡¡¡¡¡con 1017 mg/dL y perdida de 17 kilos!!!!!!!!

Otras historias tienen valores algo más altos que los míos, pero no tan exagerados. Entre 300 y 400 mg/dL es lo más habitual que he leído.

Yo, dentro de lo que cabe, puedo estar contenta porque se detectó pronto. Pero a mi médico de cabecera le resultaron “alarmantes” dos cosas más, a parte del azúcar alto. La primera, que en el reconocimiento médico que me había hecho en septiembre por el trabajo, mi azúcar estaba estupendo, con un maravilloso y envidiable valor de 87 mg/dL. Así que, en pocos días había empeorado muy rápido (aunque después al endocrino no le pareció un cambio tan rápido). Y la segunda, que había presencia de cuerpos cetónicos en la orina.

De los cuerpos cetónicos había estudiado algo en la carrera. Estos se producen cuando las células no pueden conseguir energía de la glucosa y echan mano de lo que pueden. En este caso, la grasa. La descomposición de la grasa en energía también produce cuerpos cetónicos, que en cantidades elevadas son tóxicos para el organismo. Había perdido bastante peso, tenía sentido que los cuerpos cetónicos vinieran de esa pérdida de grasa. Pero era algo que había que corregir, porque de no ser así, podría derivar en una cetoacidosis.

Así que el médico me dijo que no me asustara, pero que me iba a mandar a urgencias para que me hicieran todas las pruebas necesarias. Y que era muy probable que me quedara ingresada unos días.

¿Al hospital? ¿Ingresada? ¡Si nunca he estado ingresada!

He de decir, que tranquilamente en mi casa, había valorado esta posibilidad y pensaba que sería lo mejor para estar cuanto antes con tratamiento. Pero una cosa es pensarlo tranquilamente en tu casa, como idea y sin una confirmación aun de diabetes, y otra es que el médico te lo diga, que ya es algo real.

Así que llegué a urgencias del hospital con la tensión alta (16 de alta, no recuerdo la baja) y 120 pulsaciones por minuto. Incluso tenía algo de fiebre. ¡Todo por el agobio que llevaba encima!

Por suerte, en el hospital fueron muy atentos y amables conmigo y me tranquilizaron en seguida. Me repitieron todas las pruebas. Me pusieron mi primera inyección de insulina y me quedé ingresada para que me controlaran. Había que ver como reacciona mi cuerpo a la insulina. Me ingresaron en observación de urgencias a la espera de subirme a endocrinología. Pasé mi primera noche en el hospital con unos niveles de azúcar que se iban normalizando poco a poco, pero sin dormir nada. No solo por los nervios, sino también porque urgencias es un ir y venir constante de pacientes que ingresan, otros que suben a planta, locuras nocturnas…

Ya por la mañana vino el endocrino a verme. Me dijo que había reaccionado bien al tratamiento y que, si quería, podía ir en ese momento a hablar con la educadora en diabetes para que me explicara todo lo que necesitaba. Después, me podría ir a casa a descansar (porque no tenían camas en planta y entendía que estar allí, en observación de urgencias, era una locura) y que en dos días me vería de nuevo a ver como iba y reajustar dosis. Me dio las recetas de insulina, me dijo que cantidades me tenía que poner y me mandó con la educadora.

Estuve dos horas con la educadora mientras me explicaba lo básico para sobrevivir esos dos días sola. Mi madre me acompañó a hablar con ella, aunque no se enteró de la mitad de lo que nos dijo, y no es raro. ¿Cómo era posible que hubiera que aprender tanto de diabetes? ¿Esto no es ponerse insulina y ya está? ¿Contar raciones, hipoglucemias, glucómetro, tiras reactivas, las plumas de insulina, unidades de insulina, factor de sensibilidad? ¿Desde cuando una enfermedad es tan complicada?

Yo no se muy bien como lo hice, porque estaba agotada de mis últimas 24 horas, pero me quedé con todo o casi todo lo que nos dijo, y para casa.

A partir de ese día, a mediados de noviembre del 2017, empezó mi aventura con la diabetes. Cada vez he ido aprendiendo más, pero esta es una aventura que nunca acaba. Cada día es distinto, cada día es un nuevo reto donde se intenta hacer lo mejor posible.

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