Ánimos desafortunados

Hoy quería reflexionar un poco sobre la reacción de la gente a la hora de contarles que ahora tengo diabetes.

Mi entorno más cercano fue viviendo toda la situación desde el principio: mis síntomas, los resultados de los análisis, mi ingreso en el hospital y el diagnóstico definitivo. La reacción de todos ellos era similar a la mía, porque lo fueron viviendo poco a poco, pero hoy quiero hablar del resto de personas. Aquellas con las que no tengo tanta relación o, aunque sí la tenga, por determinadas circunstancias no veo con tanta frecuencia, y cuando se ha dado la oportunidad y he quedado con ellas, les he dado la noticia.

Yo se que todas ellas me han intentado dar ánimos, y que para nada han dicho comentarios con mala intención, pero sí que es cierto que he escuchado determinados comentarios que no son los más apropiados, y que curiosamente se han repetido bastante. Se que son palabras dichas desde la ignorancia, palabras que quizás yo también habría utilizado si los papeles se hubieran invertido.

Quiero hablar sobre las tres frases que más he escuchado, y que no me han gustado demasiado. Quizás en su momento debería habérlo dicho, pero yo se que no lo dijeron con mala intención y, por educación, me callaba. Sin embargo, creo que es necesario decirlo, así que este es el momento.

Antes de nada, no quiero que nadie se sienta ofendido, es una reflexión que también se puede aplicar ante otras situaciones que desconozcamos.

Allá vamos con el top 3 de frases.

  • ¡Vaya que faena, pero bueno, no es para tanto!

Esta frase, o alguna similar, es la que más he escuchado. A ver, con la primera parte estoy de acuerdo, ¡menuda faena! Con la segunda, ya no tanto. La diabetes es una enfermedad crónica, si la comparamos con otro tipo de enfermedades (por ejemplo, mortales), pues si, no es para tanto, no hay ningún tipo de duda. Pero yo hace 5 meses estaba sana, y ahora tengo una enfermedad crónica, una enfermedad que te hace estar pendiente las 24 horas del día, los 365 días del año. Si quieres tener un buen control glucémico (o al menos intentarlo), no puedes desconectar en ningún momento. Da igual lo cansada que estés al llegar a casa, o la cantidad de faenas que tengas que hacer, siempre vas a tener que parar un momento, medir el azúcar, pensar qué vas a hacer, qué vas a comer, y actuar en consecuencia. En mis pocos meses lidiando con la diabetes, ya he tenido algún momento en los que he pensado: “¿Puedo, por favor, no pensar en carbohidratos e insulina durante esta noche? ¿Puedo comer normal como antes?”

Pues no, no puedes.

Esta frase viene del poco conocimiento de la diabetes. La mayoría cree que con pincharse la insulina que te diga el endocrino y hacer dieta, ya está. La realidad es más complicada que eso.

Nadie tiene por qué saber sobre diabetes, así que, antes de asumir nada, preferiría que la frase de ánimo fuera más del estilo de:

“¡Vaya que faena! Aunque, la verdad es que no se nada de diabetes, ¿qué tal estás? ¿Cómo lo llevas?”

Y ya que cada uno cuente lo que le apetezca en ese momento, pero diciendo la parte de, “no es para tanto”, parece que ya no puedes quejarte, y hay momentos en los que necesitarás quejarte.

  • ¡Ah! Pues yo conozco a fulanito que es diabético y lo lleva bien.

Y además resulta que fulanito suele ser un familiar lejano, o un compañero de trabajo, o un vecino, pero no suele ser alguien cercano.

Hay que tener claro que cada persona es un mundo, y cada persona con su diabetes más todavía. Esta frase no me gusta porque da a entender que, tú, al tener lo mismo que fulanito, también lo tienes que llevar bien.

Y lo más curioso de todo, es que igual fulanito no lo lleva tan bien como piensan. A quien le toca vivir con diabetes, tiene que intentar que la mayoría de los días sean días buenos (sobre todo llevarlo con buen ánimo por su salud mental), pero también va a haber algún día de bajón. Días que solo verán quien esté contigo todo el tiempo. Si he tenido un lunes malo (no me controlaba ni a la de tres, o he tenido una hipoglucemia gorda, o estaba cabreada por la enfermedad, o cualquier cosa de este estilo), pero llega el viernes y veo a amigos que veo algunos fines de semana, no les voy a contar el mal día del lunes. El lunes ya queda lejos, y no me apetece recordarlo, pero quien ha convivido conmigo el lunes, habrá visto que hay días de ese estilo.

Por lo tanto generalizar, no es bueno. Y eso no quiere decir que no me puedan hablar de la persona con diabetes que conocen, ¡al revés! Yo al principio quería saber y conocer de todas las personas con diabetes que pudiera. Quería conocer todas las historias para saber un poco que esperarme.

Así que esa frase se podría decir de otra manera.

“Vaya, lo siento. No se mucho sobre esto, pero conozco a alguien con diabetes y cuando lo veo, no parece que lo lleve mal. Si quieres le puedo preguntar y os pongo en contacto.”

O algo parecido, algo que no de pie a pensar que tu tienes que ser igual. E incluso, si tienes suficiente confianza con esa persona, proponer el contacto para ayudar.

  • Bueno, no te preocupes. Mi abuelo tenía diabetes y se tomaba una pastilla.

Aquí, para empezar, te están hablando de otra enfermedad. Si tu abuelo tenía diabetes y se tomaba una pastilla era porque tenía diabetes tipo 2. No son la misma enfermedad, así que no se pueden comparar.

Esto es un error común debido a que ambas enfermedades comparten la palabra “diabetes”. Deberían llamarse de otra manera para evitar confusiones. Las personas que dicen este tipo de frases creen que te están animando al decir que solo tendrás que tomar un medicamento, pero no es así. Aunque si es la diabetes que conocen, es normal  que digan eso. De esta frase no voy a decir mucho, pero suele llevar consigo que tenga que explicar que no es lo mismo y la diferencia entre ambas, y tampoco le tengo mucho cariño.

POR LO TANTO

Todas estas frases tienen en común una cosa, desconocimiento. Así que antes cualquier situación nueva, es mejor preguntar y reconocer que no se sabe sobre eso, que asumir y decir una barbaridad. No tenemos que ser unos expertos en todo, lo que tiene que quedar claro es que estamos para lo que necesite la otra persona, aunque solo sea para escuchar.

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