Mi vida antes y después de la diabetes

Mi vida antes y después de la diabetes no ha cambiado en cuanto a las actividades que realizado o la comida que como, pero sí que ha supuesto una serie de cambios en otros aspectos.

  • Pinchazos. La impresión a las agujas y a la sangre tiene que pasar a un último lugar ya que las agujas van a vivir contigo. Por un lado, hay que hacerse controles para ver el nivel de azúcar que tenemos en sangre y, por otro lado, hay que pincharse para inyectarse insulina. Tras el debut, suelen pautar que realices mediciones en sangre para comprobar tu nivel de glucosa antes de las comidas, dos horas después y siempre que te encuentres mal. Esto se traduce en un mínimo de 6 pinchazos al día. Las primeras pautas de insulina suelen ser 1 pinchazo de lenta al día, más tres pinchazos para las comidas principales con la insulina rápida, y si quieres algo entre medio con carbohidratos, pues más pinchazos. Así que serían unos 10 pinchazos al día. Si podemos tener en nuestras manos un sensor de glucosa y una bomba de insulina, estos pinchazos pueden reducirse bastante, pero no desaparecen.
  • Volverse nutricionistas. Para llevar un buen control y poder comer lo que queramos (intentando ser saludables por supuesto, pero sin evitar ese trozo de tarta en un cumpleaños) vamos a tener que conocer muy bien los alimentos que comemos: cuántos carbohidratos tiene un alimento, si estos carbohidratos son de absorción lenta o rápida, cuántas grasas y proteínas tiene un alimento y en qué momento se empiezan a degradar a glucosa…
  • Báscula real o visual. No solo es importante saber que el 10% del peso de la pera son carbohidratos, sino que hay que saber cuánto pesa la pera en cuestión que te vas a comer para hacer las cuentas de los carbohidratos que tiene. Al principio te ayudas de balanzas: pesas el total del alimento y calculas los gramos de carbohidratos. Pero no siempre que comes tienes una balanza al lado o hay productos que no son tan sencillos de pesar (como, por ejemplo, la harina que tiene una salsa o los trozos de pan que tiene una ensalada césar), así que al final aprendes a calcular a ojo. Sabes más o menos cuantos carbohidratos tienen las palomitas que te caben en un puño o los de los macarrones con tomate que llenan un plato.
  • Conocimiento sobre nuestro propio cuerpo. Empiezas a conocer tu cuerpo a niveles que no conocías antes. Tu cuerpo no trabaja igual a lo largo de las horas del día ni en las distintas situaciones. Todas las experiencias que vives te afectan y esto tiene una repercusión en tus niveles de azúcar. Tienes que aprender en qué horas del día tu cuerpo tiene más resistencia a la insulina, qué situaciones te producen estrés suficiente para afectar a tus niveles de azúcar, cómo de rápido o lento haces la digestión de los alimentos, cómo te afecta el ejercicio moderado e intenso…
  • Medio médicos. Elección de la dosis de insulina. Con toda la información recopilada anteriormente, tú decides cuánta insulina es la adecuada para cada situación. Es cierto que al principio sales del hospital con unas pautas más estrictas, pero si al final quieres tener una vida lo más normal posible en cuanto a horarios y comidas, vas a tener que aprender todo lo anterior para poner la dosis correcta.
  • Almacenamiento extra de información. Toda la información necesaria para llevar bien tu diabetes ocupa un espacio muy importante en tu cabeza. Es una información que tienes que entender, dominar y tener presente a todas horas. Esa información pesa, y pesa bastante.
  • Cero vacaciones. A parte de tu actividad diaria (colegio, universidad, trabajo) ahora tienes un nuevo empleo, la diabetes. Para tener un buen control debes tener presente a la diabetes en todo momento todos los días de tu vida, sin descansos. Actividades tan sencillas como comer o hacer ejercicio ahora requieren de un trabajo extra. Cuando ya has aprendido bastantes cosas sobre los puntos anteriores, la mayoría de las veces no te supone demasiado esfuerzo. Ya te conoces bastante bien y sabes cuánta insulina necesitas para el vaso de leche que te tomas todas las mañanas, pero el problema es que no descansas. No hay ningún solo día que puedas decir, “¡hoy desayuno lo que me de la gana sin pensar!” Eso no va a pasar, al menos si quieres mantener tus niveles de glucosa a raya. Yo he aprendido a valorar carnes, pescados y verduras de una manera que no valoraba antes ya que la mayoría de ellos apenas me suben mis niveles de glucosa, así que cuando necesito desconectar, me preparo unas judías con carne o pescado y eso de no pensar en la dosis que me tengo que poner es un descanso mental brutal que de vez en cuando me viene muy bien (aunque ojito con no comer nada de carbohidratos que luego pueden venir las hipoglucemias).
  • Relativizar las frustraciones. Con un buen aprendizaje diabetológico, puedes llegar a controlar a la diabetes la mayor parte del tiempo, pero, aun así, habrá momentos en que te eche un pulso. Hay veces que no entiendes por qué la misma dosis que te pusiste el otro día para la misma comida estando en una situación muy parecida resulta que hoy no funciona y se te disparan los niveles de glucosa a valores estratosféricos. Te frustras, te enfadas y te preguntas qué has hecho mal. Y puede ser cualquier cosa: que te estés poniendo malo, que tengas obturado el catéter, que la insulina se ha estropeado o cualquier otra cosa que no llegas a entender nunca. Hay tantas variables que es fácil que a veces se nos escape alguna. Hay que aprender a vivir con esto también, a relativizar esa situación, a ver que no es todos los días y que no pasa nada con que hoy algo no haya ido bien, mañana irá mejor.
  • Ayudando al tío Murphy. Hay días que, como todas las personas, nos salen malos. Se nos juntan cosas que hacen que tengamos un día horrible por motivos totalmente normales. Esos días se junta que sueles estar más despistado, menos atento, más estresado y enfadado, vamos, la receta ideal para que tus niveles de azúcar no bajen ni a la de tres. Días que son malos de por sí, y encima se te junta la diabetes. Días que hay que pasarlos como sea y luego intentar erradicarlos de tu memoria y al día siguiente empezar de cero. No hay muchos de estos, pero telita el día que te pilla así.
  • Viajes al médico. Siempre he procurado hacerme una analítica al año de revisión y un par de revisiones de especialistas. No era mucho y aun así me daba toda la pereza del mundo. Pues ahora a eso, súmale las revisiones del endocrino (unas 2/3 anuales) más la extracción de sangre una semana antes, más una visita al mes al centro de salud para recoger el material diabético, más (cuando toque) las revisiones de los especialistas asociados a posibles efectos de la diabetes. Dos veces toda la pereza del mundo.
  • Previsiones. Nuestra vida depende, literalmente, de la insulina que nos tenemos que inyectar y de todo el material que necesitamos para hacer eso y controlar los niveles de azúcar. Quedarnos sin material puede suponer un viaje al hospital, así que tenemos que tener siempre en mente (o apuntado en una libreta, app el móvil…) lo que tenemos y lo que vamos a necesitar pronto para no nos falte nunca nada en casa.
  • Rutinas. La diabetes supone muchas cosas que hacer y tener en cuenta de manera diaria, por lo que lo mejor es intentar llevar una vida lo más organizada posible y establecer rutinas para que no se nos pase nada: nada más sentarse a la mesa para comer comprobación de azúcar e inyección de insulina, todos los miércoles por la noche y domingos por la mañana cambio de catéter, comprobación capilar todas las mañanas nada más levantarse y cambio de lanceta (esto aun estoy intentado hacerlo así porque soy un desastre con las lancetas) …
  • Falta de comprensión. Es muy difícil ponerse en la situación de una persona con diabetes y entender bien el desgaste mental que puede suponer, a no ser que tengas diabetes también o que convivas con alguien con diabetes. Hay gente que a veces no entiende que tienes que parar un momento hasta que vuelves a estar en rango o que un día prefieras descansar porque has tenido un día lleno de picos y necesitas tranquilidad. Hay veces que frases de ánimo tipo “pero tú lo llevas bien” o “bueno, pero al final haces la misma vida, no es para tanto” pueden tener el efecto contrario a animarte. También hay que aprender a vivir con esto y relativizar esa falta de comprensión y entender que no hay maldad en eso, sencillamente desconocimiento.
  • Búsqueda de apoyo en personas rodeadas de diabetes. Partiendo del punto anterior, al igual que gente cercana a ti no llega a entenderte, creo que es necesario rodearte de personas (aunque sea a través de internet) que entiendan como te sientes. Que se alegren cuando les muestras una gráfica con una recta maravillosa de una noche perfecta (glucémicamente hablando) y que te mandan ánimos cuando has tenido un bajón gordo.

 

La diabetes cambia tu vida, sí, es absurdo negarlo, pero con ganas e implicación, al final la vas introduciendo en tu vida y aprendes a convivir con ella, quedándote con los buenos días, intentando aprender de los malos y relativizando los horribles. Lo importante es no rendirse, aprender, esforzarse y rodearse de la gente que te entiende y te ayuda para que la diabetes sea una compañera, pero no una limitación para hacer lo que te propongas.

 

 

 

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